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PSICOTERAPIA INTEGRAL

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* NOTAS

La Comunicación Educando la Atención

* Educando la Atención

"Sería de gran interés y de un enorme beneficio para nosotros, poder reeducar a la atención, de modo que se resuelva la confusión que se genera entre la conciencia que percibe y los objetos que son percibidos"

Nuestro objetivo es educar la atención con fines terapéuticos, para vivir la vida de modo más íntegro y de manera más conciente y plena.

Diversos autores definen la atención de diferentes modos. En este artículo no pretendemos lograr una definición absoluta del término. Lo que nos interesa es describir lo más simplificadamente posible esta capacidad de “prestar atención”, para que podamos cultivarla concientemente y así mejorar considerablemente nuestro modo de estar en el mundo.

Entendemos aquí como atención a la capacidad de enfocar o concentrar la percepción sobre un objeto determinado. La atención es una propiedad de la conciencia, entendiendo a ésta como la base de toda percepción.

La atención puede estar volcada sobre objetos externos (como una luz o un sonido) o sobre objetos internos (como una sensación en el estómago o un pensamiento).
Al mismo tiempo, la atención puede ser voluntaria o activa o involuntaria y pasiva. La atención voluntaria o activa es aquella que se dirige concientemente hacia un objeto determinado. La atención mecánica o pasiva, es aquella que sin la mediación de la voluntad se dirige hacia el mundo externo, seleccionando estímulos para poder discernir qué es peligroso o no. También la atención “se fija” al diálogo interior de modo automático, siguiendo de modo mecánico a pensamientos y/o emociones que se caracterizan por estar en un estado de constante cambio.

Cotidianamente, para la mayoría de la gente, un porcentaje de la atención, en su modalidad automática, está “vagando” entre los pensamientos y las emociones asociadas a estos. Y el resto de su atención, es utilizada (también de manera automática) para ordenar el mundo externo, de modo que no choquemos con las paredes al caminar o podamos abrir una puerta sin necesidad de pensar en la acción de “abrir la puerta”.
Este automatismo inconsciente de nuestra atención, tiene consecuencias profundas que rara vez advertimos.
Al vagar constantemente entre pensamientos-emociones automáticos, la atención se identifica con éstos, se apega a éstos y así termina confundiéndose, fundida con esos pensamientos. Lo que genera una confusión, una distorsión fundamental en el reconocimiento de la realidad y de quiénes somos verdaderamente.

Recordemos que la atención es la capacidad de la conciencia de concentrar la percepción sobre un objeto determinado. De este modo, podemos entender que cuando la atención se funde con los pensamientos y/o emociones, en su modalidad automática, es la conciencia misma la que termina confundiéndose con los pensamientos y las emociones que se asocian a estos.
De allí en más, la conciencia queda reducida a conciencia de pensamientos o emociones. Lo que percibe, la conciencia, queda dominada por lo percibido, el pensamiento. La percatación se hace una con el objeto del que se percata y se (funde) confunde con este.

Si la conciencia, entendida como base de toda percatación, queda con-fundida con sus objetos (pensamientos-emociones) el resultado será que nuestra función de percibir, y la mism sensación de identidad, se verán afectadas por esos contenidos. Como si toda la conciencia percibiera la realidad, no directamente sino de modo indirecto: filtrada por el contenido y las funciones mentales.
Como quien mira el cielo desde una ventana que tiene diferentes dibujos y colores en sus vidrios. La percepción entonces, no será del cielo “tal cual es”, sino la del cielo distorsionada y condicionada por dicha ventana de colores.

Así actúa la mente* sobre la realidad que percibimos: un filtro que condiciona y distorsiona la percatación.

Entendido este proceso de distorsión, en el que la atención de modo pasivo e inconsciente, genera una confusión entre “lo que percibe” y “lo percibido”, nos preguntamos cuál sería el trabajo psicoterapéutico.
Sería de gran interés y de un enorme beneficio para nosotros, poder reeducar a la atención, de modo que se resuelva la confusión que se genera entre la conciencia que percibe y los objetos que son percibidos.
Para esto contamos con un número importante de técnicas que nos permiten ir diferenciando estas dos instancias: al testigo que percibe y a los objetos que son percibidos (más allá de que estos objetos sean externos o internos)

Una amplia literatura sobre el tema y numerosos investigadores, corroboran la potencialidad de salud que implica alcanzar esta meta, en donde se des-identifica a la conciencia, de sus objetos. Cuando esta queda libre, por así decirlo, una nueva visión del mundo y de la vida se abre ante nosotros, permitiéndonos redefinir al mundo y al lugar que ocupamos en él, de modo más amplio, abarcativo y pleno.

A través de innumerables observaciones y experimentos, podemos afirmar que existe un potencial de conciencia muy superior al estado normal de vigilia. Un estado libre de las distorsiones perceptivas que estamos habituados a experimentar. En este estado, la personalidad individual con sus inherentes limitaciones queda, por así decirlo, ubicada en un segundo plano. Mientras que una conciencia más amplia comienza a emerger, "despertándonos" a una experiencia que siempre estuvo allí pero que no éramos capaces de reconocer. Para exerimentar este estado, necesitamos educar nuestra atención.

* Entendemos en este contexto a la palabra mente de un modo amplio. Incluímos tanto  su contenido  (pensamientos y funciones como recordar, discernir, etc.) del mismo modo que al mundo emocional con el que estos contenidos están asociados.

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